Educación en la escuela » septiembre 2020

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¿Y el Cartero?

Un joven cartero toca mi puerta.

-Hola, vengo a dejar un paquete. ¿Es usted Catalina Maldonado?

-Sí, muchas gracias.

Me quedo pensando. ¿Y el cartero?, repito, ¿y el Cartero? Quizá el Cartero no trabaja hoy, quizás está de vacaciones.

Ensimismada sigo mi vida, tal cual. Combatiendo contra las ansiedad que todos y todas desarrollamos encerrados en nuestras casas, debido a la pandemia.

Pasa el tiempo y me entero de que el Cartero falleció. Un día, escucho bocinas y me avisan de que lo están despidiendo. Pegaron globos en la calle, bailaron un pie de cueca en su nombre. El cortejo fue escoltado por la mirada atenta de sus vecinos, vecinas y deudos.

¿Y el Cartero?, ya no lo veré. No más. 

¿Y ese saludo amable?

¿Y esa sonrisa sincera?

No más.

Según lo que me comentaron, al parecer se contagió de COVID-19. Esa enfermedad que ha cobrado la vida de miles de personas.

Su ausencia marca su presencia. ¿Por qué no lo valoré antes?, ¿por qué ahora me pregunto quién es él?

Mario Astudillo, mayor de 65 años. Un hombre amable, espíritu escaso en estos tiempos. Siempre con una sonrisa en su rostro, atento y cordial. Tenía la costumbre de regalar una linda tarjeta para desear feliz navidad.

Don Mario Astudillo sabía quién eras, conocía a sus receptores de documentos, paquetes y otros envíos. Todo llegaba en excelentes condiciones. Un hombre que desarrollaba su labor con dedicación.

Últimamente, Don Mario se preocupaba de desinfectar cada paquete que entregaba para evitar propagar la terrible enfermedad que, al parecer, contó rápidamente sus días. ¿Qué habrá pasado?, ¿por qué Correos de Chile lo mantenía en sus labores pese a su edad?

Hoy, en septiembre a un mes de su fallecimiento, quiero dejar un humilde testimonio del dolor de su partida. Como yo, quizás otras personas se vieron golpeadas con esta noticia y aún más, con la horrible sensación de no valorar a tiempo a quienes nos ayudan a vivir mejor. 

Don Mario, mi Cartero, nuestro Cartero. Quiero decirte que siempre te recordaré. Gracias infinitas por haber marcado tu existencia a través de tu forma de ser, nutrida de aprecio y amor.

Aunque nunca te lo podré decir, gracias por darme esta tremenda lección de vida.

Adiós, Cartero.

Profa Cata

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¿Qué siento con Crónicas marcianas de Ray Bradbury?

Pensé en escribir una breve reseña de la obra, indicar algunos datos curiosos de su autor y finalizar con un resumen por capítulo. Lo típico, lo de siempre. Sin embargo, me quedé mirando esta página en blanco y pensé, ¿a quién le importa mi interpretación de los datos que puedes buscar en Google?, ¿qué aporto con una adecuada publicación de elementos fundamentales del texto? Si te importa, lo respeto. Pero…sabes, ese trabajo lo puede hacer una inteligencia artificial y yo…soy un ser humano.

Lo primero que siento cuando pienso en Crónicas marcianas es en el poder de la imaginación para representar un mundo que no existe, que es fruto de la fabulación de la mente humana. Todos y todas sabemos que cuesta mucho imaginar fuera de los patrones y estándares que sí conocemos, piensen en crear personajes e historias en Marte, en un futuro lejano que, ni siquiera en la actualidad conocemos.

No me gustaría profundizar en las historias contadas en cada uno de los cuentos,porque eso sería restarte la posibilidad de establecer tu propio pacto de verosimilitud. Prefiero enfocarme los tres aspectos que me parecieron fascinantes: paisajes, arquitectura y la cotidianeidad marciana.

Amo las descripciones de los paisajes marcianos, en un pasado glorioso y en un presente dominado por una colonización humana de carácter brutal.

Un bello ejemplo de las descripciones puede ser este:

La gente se agrupaba en las galerías de piedra o se movía entre las sombras, por las colinas azules. Las lejanas estrellas y las mellizas y luminosas lunas de Marte derramaban una pálida luz de atardecer. ((Bradbury, 2015: 39)

¿Acaso no te transporta a un lugar distinto?, ¿logras sentir ese atardecer en Marte? Pienso que podrás comprender por qué no agregaré más citas, de esta manera tendrás espacio para la sorpresa y la contemplación. Lo único que te podría adelantar es que la palidez, lo traslúcido y el cristal predominan en un momento glorioso, distinto a las grandes extensiones arenosas y ciudades en ruinas que luego se van presentando en el relato.

Pasando a otro aspecto, me parece cautivadora la arquitectura y lo cotidiano  en este nuevo planeta. Aquí les transcribo un fragmento que muestra una pequeña parte de lo que estoy proponiendo:

Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y en seguida se dispersaba en el viento cálido. (Bradbury, 2015: 19)

¡Ni qué decir de los habitantes de Marte! No te puedes perder sus caracterizaciones y la narración de su forma de comunicación con los humanos. Sus protocolos, conducta y filosofía de vida. También hay problemas éticos enormes y la lucha por quién es el dueño de la verdad, es un tema apasionante.

Considero que Crónicas marcianas es una alegoría de la posición que tiene el ser humano frente a los “otros”. Los hombres blancos occidentales van de expedición a Marte, en vistas de colonizarlo, aplastando lo que encuentran a su paso. Al principio, cuando vas comenzando a conocer las aventuras de cada expedición y las discusiones filosóficas que presenta cada ser, te vas dando cuenta de que Crónicas marcianas es una representación alegórica y satírica de la esencia de gran parte de la sociedad. Esa parte que desea apoderarse exclusivamente de un planeta sin importar el costo material y, menos aún, intelectual y cultural. Finalmente, ¿quiénes mejor que los humanos?, ¿no?

ProfaCata

Referencias bibliográficas

Bradbury, R. (2015). Crónicas marcianas. Planeta lector.

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